La primera revolución sexual es la consecuencia social del desarrollo de la farmacología contraceptiva que se implanta a finales de los años 60. La palabra clave aquí es “píldora”.  Por un lado está la capacidad de engendrar, y por otro, completamente separado, la capacidad de gozar de placeres específicos. Quedan separados artificialmente sexo y procreación

La segunda revolución sexual se inicia,  en los años 80, y supone la aceptación paulatina y el reconocimiento de comportamientos catalogados como “desviados” desde tiempo inmemorial. La palabra clave aquí es “homosexualidad”. Comienzan a implementarse medidas legales y se comienza a legislar situaciones cada vez más comunes.

La tercera revolución sexual tiene lugar con el cambio de siglo. La palabra clave aquí es “reprogenética”. Con las nuevas tecnologías genéticas aplicadas a la reproducción humana, nos referimos específicamente al dominio efectivo de dos procesos: el de la clonación y el del placer sexual. También la creatividad humana avanza por el campo de los mecanismos de placer artificiales.

Y ahora está llegando la cuarta revolución sexual, protagonizada por la idea de que somos “seres sexuales” ante todo, por encima del género.  Se habla de “diversidad sexual”.
Se trata de una nueva era donde se produce una ruptura de definiciones, estereotipos y encasillamientos. Es una revolución sexual práctica, donde se concibe el sexo como algo amplio, se rompen estereotipos y se disfruta de toda la sexualidad, rompiendo con los tabues que eran intocables hasta ahora.
Nuevas teorias, como la teoria Queer, donde los seres humanos dejamos de definirnos para pasar a ser seres transgéneros, donde todo es posible, porque la sexualidad no tiene limites.

Silvia Martinez